2006-02-07

Alambradas construidas con odio, en cualquier lugar

La envidia es universal, y me temo, eterna. Parece que todos los sentimientos positivos -felicidad, amor, cariño, amistad – están abocados a la condena de lo efímero, a morir etéreamente, y solo lo negativo pervive. Parece que odiar fuese un comportamiento innato, un germen que está latente y una vez conocido, resulta adictivo.

Malos días hubo y peores vendrán; ha llegado un punto en el que, la única forma de poder dormir bien por las noches, es no mirar de las ventanas hacia fuera y quedarse simplemente con los detalles que hacen de la rutina un gran dulce pastel.