Nada se pierde con el tiempo (Internet y los milagros)
En esta primera entradilla el eje era un poema, "De cuando me ofreciste diez palabras". Lo había escrito hacia otoño, en una de esas etapas de creación desbocada que no puedo explicarme. Recuerdo estar en el messenger, leyendo periodicos, dejando pasar las horas de una tarde lluviosa, hablando con Elena.
Elena, dime diez palabras, las primeras que se te pasen por la cabeza. Hola, hogar, farola, correr, caerse, pensar, zapato, mundo, reloj, flor. Y de ahí salió un pequeño poema, de esos que se escriben sin pensar.
Debería decirte hola
pero escribo adiós,
porque voy a dejar el hogar,
pasando junto a una farola,
echandome a correr y
cayendome al borde de la acera,
lo sé.
piensa que es interminable,
que solo tiene un par de zapatos, y aun así,
el mundo no es nada, el reloj de Elena
tuvo una pesadilla y ya está,
de hecho,
la flor, una flor, tu flor;
ilusiones sumergidan en guinnes,
Poesía.
Y por un instante he sentido miedo o algo parecido, porque hace un año, sin pretenderlo, escribía mi futuro.
Cuando escribí esto, estaba en Amorebieta, con los objetos, recuerdos y cadenas almacenadas en nuestra casa durante diecisiete años. Hoy en cambio escribo desde Madrid, habiendome ido "corriendo" de casa, pasando junto a la farola, sin pensarlo en exceso. Y hay que confesar que en cierto modo me caí, pese a que en poco tiempo estaba de nuevo en pie.
Tengo un solo par de zapatos en el armario y no sé si esto es interminable, no miro demasiado el reloj, de todos modos.
Desde esta ventana a las afueras de la gran ciudad se ven flores, en el cuidado jardín de atrás, en este invento que camufla la falta de bosques. Miraré más allá del jardín de vez en cuando para contar algo sobre el mundo con un poco de poesía, por si acaso, por si alguien quiere leerlo.
Hola, entonces.


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